30 años de ineficacia de los CIE, un aniversario que horada los derechos humanos

Cuando hace ya treinta años de la creación de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), las cifras demuestran rotudamente su ineficacia. En 2016, dos de cada tres personas ingresadas en los CIE fueron puestas en libertad. Se expulsó a 2.205 frente al total de 7.597 personas expulsadas en España. El Sevicio Jesuita a Migrantes (SJM), a través de su Informe CIE 2016, elaborado por Santiago Yerga y Josep Buades SJ., pone en cuestión la existencia de los CIE y plantea alternativas humanizadoras de acogida a los refugiados y migrantes.

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Cárceles disfrazadas de centros de acogida

En los CIE se mezclan, sin mucho criterio, personas recién llegadas, con personas arraigadas y con personas procedentes de prisión. A pesar de que el ordenamiento jurídico español determina que los CIE no tienen carácter penitenciario, la realidad es que las personas recluidas en ellos viven su estancia como un encarcelamiento sin motivo. La vida en los CIE guarda similitudes claras con el internamiento en una cárcel, ya que hay privación de libertad, habitaciones con rejas que encierran bajo llave vidas humanas noche tras noche, momentos de incomunicación e incluso  antiguos establecimientos penitenciarios utilizados para este fin, como ocurre con el CIE de Aluche.

Sin embargo, en cierto modo, las condiciones son peores que las de una cárcel. El ocio no está organizado, la atención sanitaria es deficiente, las instalaciones están deterioradas y no cumplen condiciones de seguridad y salud adecuadas, se presentan situaciones de vulneración del derecho a la intimidad y a la comunicación, se conocen casos de internamiento de personas vulnerables e incluso de menores de edad.

Este es el motivo por el cuál a lo largo de 2016 se han producido numerosas manifestaciones de protesta. Con frecuencia, los medios de comunicación han descrito estos hechos mediante un lenguaje que genera en el imaginario colectivo una identificación de los internos con presos. Se habla mucho de motines y de fugas, de acciones violentas y agresiones por parte de internos y de agentes heridos. Pero  se olvida la raíz del problema, el ingreso arbitrario, la incomunicación, la desatención y una incertidumbre sobre el futuro que genera angustia y desesperanza.

Tal como se comenta en el Informe, “Don Ramiro García de Dios, titular del juzgado de instrucción número 6, con función de control del CIE de Madrid-Aluche, acuñó la expresión más ajustada para la situación de las personas internas en los CIE, de la que dieron cuenta algunos medios de comunicación, como la Cadena SER: Protestas desesperadas de personas desesperadas”.

El SJM insiste en reclamar el cierre de los CIEEse es el horizonte final, pero en el camino intermedio “considera preciso seguir mejorando las condiciones de vida de las personas que sufren internamiento”, de esas personas desesperadas que buscan escapar de un callejón sin salida.

¿Por qué no destinar esos recursos a la acogida y la hospitalidad, en vez de al encierro?

Esta es la alternativa que plantea el SJM al sistema de los CIE que, de forma reiterada, nos demuestra hasta qué punto ni siquiera sirve de manera eficaz a la filosofía de exclusión que los creó y los mantiene. En palabras de Miguel González Martín, Coordinador del SJM-España, en la presentación: “Nos mueve el horizonte utópico de una sociedad acogedora e inclusiva, donde a nadie se le prive de libertad por carecer de documentación en regla”.

Y no parece tan utópica cuando el propio Francisco Fernández Marugán, Adjunto Primero de la Defensora del Pueblo, se pregunta en su contribución a este Informe: “¿Cómo no vamos a ser capaces de buscar alternativas razonables y respetuosas con los derechos de esas 8.000 personas que anualmente pasan por los centros de internamiento de extranjeros en España?”.

Por su parte, Javier de Lucas, Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política y reconocido activista por los derechos humanos, aporta una estimulante reflexión a este documento titulada  Archipiélagos de la desesperanza, en referencia al libro de Sigmund Bauman  Archipiélago de excepciones  sobre el trato a los refugiados como expulsables y, por tanto, desechables.

Considera oportuno cuestionar con sentido crítico los datos de reclusión y expulsión de inmigrantes porque permite poner de relieve hasta qué punto el sistema de los CIE incumple la garantía de los derechos humanos y fundamentales de las personas, y nos aleja  de una verdadera democracia inclusiva y plural. Aunque en su opinión resulta esperanzador hacerlo como el SJM, en clave constructiva, con la mirada puesta en alternativas de acogida más coherentes y humanizadoras.

Diálogo social y búsqueda de alternativas

Entre las conclusiones del Informe del SJM destaca: “Resulta insoslayable arbitrar medidas que impidan que  los migrantes no expulsados y los `inexpulsables´pasen a constituir un colectivo de personas en una vía muerta de ilegalidad, sin poder ser expulsados ni poder entrar en procesos de regularización”. “Por ello, tenemos que insistir una vez más en que la Administración sea valiente y explore no sólo las posibilidades que le confiere la vigente legislación en materia de extranjería, sino nuevas posibilidades ya operativas en otros  países de nuestro entorno”.

Santiago Yerga, Coordinador del área de CIE de la ONG Pueblos Unidos y coautor del informe, apunta en este sentido: “Nosotros pensamos, por una parte, que de cara a los CIE hay otras alternativas, pero que de cara a las expulsiones también hay otras alternativas. Hay dos tipos de alternativas, las que vienen recogidas en la propia legislación española. Y otras alternativas que existen en determinados países europeos o no europeos.

Las previstas legalmente: la fijación de domicilio, la presentación periódica, la retirada de documento. ¿Cuáles se aplican en otros lugares del mundo?: el aval de la organización, el aval personal, viviendas autogestionadas, fianzas personales, fianzas económicas. ¿Por qué tenemos que ir al instrumento más fácil y más oneroso, que es el de la privación de libertad? Yo creo que lo que se ha intentado siempre es crear un criterio de prevención general. Como vengáis sin papeles, acabaréis aquí.

En España no ha habido todavía un debate serio y riguroso acerca de los CIE. En este momento, me conformaría con que fuéramos capaces de generar ese debate porque creo que en ese espacio la sociedad sería capaz de comprobar qué son desgraciadamente los CIE y para qué no sirven”.

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